Un poquito más

Por Gooz

La alarma suena, casi siempre a la misma hora: 6:22 de la mañana. Sin importar si un día antes me desvelé por cualquier motivo, procuro despertarme a esa hora. Culpo a mi padre de no ser de esas personas que tarda demasiado en levantarse, pero últimamente no me ha pasado, doy vueltas en la cama antes de por fin abandonarla, tal vez mi cuerpo sabe lo que va a pasar. Comienza la rutina, con lagañas en los ojos y ese desagradable aliento mañanero entro al baño y.. ya se imaginarán lo que pasa. Al salir busco mis tenis, la ropa más cómoda y me cuestiono varios minutos si en realidad vale la pena salir al frio abrumador de mi pueblo a perseguir la nada. Después de luchar contra la pereza, me logro convencer que solo será “poquito”, que tal vez mañana pueda descansar o, lo que en realidad convence a mi corazón de gordo: “hazlo por ese pan”; así que tomo mi celular y salgo al encuentro.

Correr siempre ha sido una actividad que amo y odio. Mis papás me llevaban a correr cuando era un niño obeso y no aguantaba nada: Mientras corría pensaba en lo que comeríamos ese día y sólo quería que terminara para poder degustar un rico desayuno. Después me di cuenta de que podía aprovechar el tiempo para pensar en cosas banales o importantes porque correr, a pesar de que lo puedes hacer en pareja o en grupo, es salir a platicar con uno mismo con el aire golpeándote en la cara mientras piensas en la solución a cualquier problema y con  esa liberta que te da pensar mientras tu cuerpo se mueve. Porque yo creo que esas personas que “corren” y hablan en realidad no lo hacen amando el deporte, sino amando el chisme.

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Cuando uno corre es distinto que cuando uno va a jugar futbol o cualquier deporte que se hace en equipo, cuando uno corre todo el desempeño depende de uno mismo, de tus capacidades, de lo que crees que eres posible de hacer. Correr te hace sentir libre, te invita a reflexionar, a soñar, a crecer, te vuelve disciplinado en ciertos aspectos. Correr me ha hecho querer más, ser mejor, conocer mi cuerpo. Sé muy bien que yo debería hablar de música y aquí llegamos a esa parte. Cuando las piernas no dan más, cuando la respiración agitada te abruma, cuando incluso cada gota de sudor te empieza a pesar pero quieres dar más para demostrarte que las barreras solo existen en tu cabeza, lo mejor que puedes hacer es usar audífonos, escuchar lo que más te gusta, no importa si para correr escuchas algo que nadie más escucha, mi mamá corre con canciones de Leo Dan, Camilo Sexto y, espero que ya lo sepan, Diego Verdager.

La música también motiva a seguir, a dar más, a ejercitarte con ritmo, te da un segundo aire. En la semana del 16 al 22 de septiembre, su servidor corrió dos competencias, una de 10 Km y otra de 16Km. La de diez era una vieja conocida que me rompió una vez, sigo diciendo que es una de las carreras más difíciles porque se realiza en mi pueblo donde nunca habrá una inundación grave, porque todas las calles van de bajada cuando corres y de subida cuando caminas, pero si cambias las cosas te aseguro que uno termina fundido. Esa carrera y yo nos volvimos a encontrar, con el miedo de no poderla terminar, el miedo y los nervios me hicieron preso, los pocos corredores de mi categoría salieron a todo lo que da, yo me quede rezagado, corriendo a mi paso porque tenia que terminar, los que llevan mucho tiempo amando este deporte nunca les vi las espaldas, pero poco a poco fui dejando a algunos corredores en el camino, “rotos” como yo hace un tiempo. La carrera fue al medio día, el 16 de septiembre, entre garnachas y cruda, sudaba y trataba de que mis piernas no fallaran cuando creí que no iba a poder más la música me salvo, me alentó a seguir, un soundtrack me animo a no rendirme: Wiz Khalifa – We Own It. Fui el ultimo en llegar pero con la satisfacción de haber terminado y con la mentalidad de ir por más.

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