Maléfica: ¿dueña del mal?

Por Isabela Robles Corona

“Si deseamos vivir, no momento a momento, sino siendo realmente conscientes de nuestra existencia, nuestra necesidad más urgente y difícil es la de encontrar un significado a nuestras vidas.”

Así introduce Bruno Bettelheim a su obra Psicoanálisis de los cuentos de hadas, encontrar significado a la existencia es una tarea que requiere un largo periodo de tiempo, pero éste no aporta algo por sí solo, es necesario acumular experiencias, historias, referentes. A partir de ello, el por qué la literatura infantil es tan importante cobra sentido, pues el crío necesita múltiples herramientas para comprender y dominar tanto el mundo externo como el interno, es decir; necesitamos entender y aceptar la realidad a la que fuimos arrojados sin mayor explicación, tener conciencia de por qué sentimos lo que sentimos y qué ocurre afuera. En lo primeros años de su vida para un niño, no existe un mundo exterior, todo es una extensión de sí mismo, por ello cuando este paradigma comienza a romperse conforme va creciendo causa un profundo estrés que requiere ser digerido para poder coexistir con los que lo rodean. La conciliación de estos dos mundos para el desarrollo del infante es uno de los principales objetivos de los cuentos de hadas.

Estas historias han existido desde que la humanidad tiene uso del lenguaje, muchas vienen de la tradición oral de culturas antiquísimas que se han ido modificando conforme a la época y al contexto. Tan es así, que el cine se valió de estos recursos literarios para captar al público infantil, generando versiones mucho más globales, populares, pero en algunos casos muchísimo menos significativas que las originales.

Es cierto que parece difícil decirle a una niña que La Sirenita no se casó con el príncipe porque éste se enamoró de otra princesa y que para volver a ser sirena debía matarlo, ni tampoco que las hermanastras de Cenicienta se cortaron dedos de los pies para que la zapatilla de cristal les quedase, pero estas tramas tenían un profundo significado, a saber: le comunicaban a los niños figuras que les servían para interiorizar conceptos del mundo real de tal manera que éste no les resultara tan agresivo. Suena complejo y quizá contradictorio, por eso quiero utilizar el reciente estreno de Maléfica: dueña del mal para abordar estos temas.

Las películas protagonizadas por Angelina Jolie corresponden a una “nueva generación” de películas Disney, caracterizada por la importancia de los efectos especiales para traer al live action los clásicos, pero narrativamente está muy lejos de las versiones clásicas; empezando por el hecho de que la protagonista no es la princesa, sino la villana.

El cuento de La Bella Durmiente, de acuerdo con la obra de Bettelheim, tiene dos versiones populares: la de Perrault y la de los Hermanos Grimm. Estas a su vez, están basadas en la versión que adquiere la historia en el Pentamerone de Basile cuyo título es “Sol, Luna y Talía” (esta es la versión donde, tras caer en el sueño profundo, la princesa es violada por un rey que pasaba por el castillo abandonado en el que se encontraba y es despertada por uno de los hijos que engendró de dicha violación, pero ese sólo es un dato cultural en el que no ahondaremos).

Según Bettelheim, lo que este cuento nos demuestra es que un largo período de reposo, de contemplación y de concentración en sí mismo, puede conducir a grandes logros. Es la forma de comunicar la transición de la pubertad a la adolescencia cuya metáfora principal es la somnolencia propia de una etapa temprana que culmina con el despertar de la madurez sexual. El beso del príncipe rompe el hechizo del narcisismo y despierta una feminidad que, hasta entonces, había permanecido detenida en su desarrollo. La vida sólo podrá continuar si la muchacha deja de ser doncella y se convierte en mujer. Aquí lo importante del “cambio de nombre” que tiene que vivir la princesa: pasar de ser Rosa, antes de su cumpleaños, a ser Aurora; uno de los detalles que las películas contemporáneas dejan de lado.

A partir de esta interpretación del cuento, vayamos a las diferencias entre las versiones Disney, que son bastantes y de mucho peso narrativo, empezando porque la protagonista fuese Maléfica.

La idea central de la primera película de Maléfica es explicar su origen: un hada diferente a las demás, con gran poder, pero con un corazón puro que se ve corrompido por el dolor que le genera la traición de Stefan, quien utilizaría la confianza de Maléfica para ascender al trono. La narradora comienza diciendo que es la verdadera versión de una historia muy popular que fue mal contada. Pues vaya que dista muchísimo de lo que sabíamos. En la versión de 1959, el narrador comienza con la introducción clásica de los cuentos de hadas: “érase una vez, en un país muy muy lejano…”, también con la premisa de los reyes bondadosos; este formato, como podemos ver en Psicoanálisis de los cuentos de hadas es de suma importancia porque le dice al niño que lo que ocurre en la historia pudo haber ocurrido en otra época, por lo que la identificación con las figuras que requiere se vuelve más sencilla al poder pensar: esto que estoy sintiendo, ya lo ha sentido antes otra persona y esa otra persona pudo salir adelante y vivir feliz por siempre. En Maléfica no existe el cuidado de este detalle y se justifica su enemistad con los humanos por la naturaleza ambiciosa de los mismos. Además, si me lo preguntan; que no esté en verso narrativamente hablando le quita fuerza a la historia.

El significado de la palabra “maléfica”, que viene del latín “maleficus”, es: que hace daño a otros a través de hechizos, evoca al ocultismo y a la brujería. Entonces: un personaje que no era malvado de inicio, sino que se hizo malo, pero su nombre era casualmente conveniente a esta condición no parece ser un buen comienzo. Efectivamente, las conductas agresivas tienen una explicación psicológica; se han dedicado años de estudio para entender las mentes de criminales despiadadas. La premisa de que “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” se ha llevado a la gran pantalla de manera muy exitosa para todos los públicos, un ejemplo es Megamente (2010) producida por DreamWorks, donde nos cuenta la historia de un extraterrestre que llega a la Tierra y, al ser criado por presos, se convence de que su papel en la vida es ser un villano. El desarrollo y la interacción de los personajes en esta animación explica perfectamente que puedes decidir lo que eres, pasar de ser el villano a ser el héroe e incluso; renunciar a ser un héroe si eso no es lo que quieres. Con el personaje de Jolie no ocurre esto, pues aun cuando adopta la forma del hada malvada, decide salvar a un cuervo que se convertiría en su amigo y proteger a aquella que había hechizado, cuando en la versión original la necesidad de esconder a la princesa viene del profundo deseo de Maléfica de acabar con su vida.

La película de 2014 muestra un enorme desprecio por la interacción con los demás personajes: tres hadas que, originalmente, fueron las cuidadoras de Aurora; Flora, Fauna y Primavera (ni siquiera recuerdo si esos nombres se respetan en esta versión) son ahora presentadas como tres personajes odiosos que no aportan nada a la historia, empezando por el hecho de que el tercer regalo que debía hacer que la maldición no fuese de muerte queda en el limbo, nunca se resuelve y prácticamente no importa, porque Maléfica utiliza el concepto del “beso de amor verdadero” como un sarcasmo para hacer sufrir a Stefan, dejando claro –otra vez– que su objetivo no es hacer el mal porque sí.

Por otro lado, parece que la división entre el reino de los hombres y El Páramo (lugar de criaturas mágicas) en la historia de Maléfica atiende a una problemática social que en nuestros tiempos ha ido tomando un lugar relevante en el cine: las fronteras y el desprecio por lo que es diferente a nosotros. No podríamos asegurar si la apología al racismo se retoma como una herramienta necesaria para la inclusión o simplemente como un recurso narrativo de una agenda política. Es claro que en 1959, cuando se estrenó el largometraje animado, este tipo de temas tenían sus lugares específicos y no se pensaba necesario insertarlos en historias en donde no se hablaba de ello. Llama la atención que sea justo este conflicto entre seres diferentes el eje narrativo de la segunda película de Maléfica, dejando claro que prácticamente sólo tomaron los nombres del cuento original.

Volviendo a las películas actuales, algo que podemos preguntarnos es si la elección de Elle Fanning para interpretar a Aurora fue hecha atendiendo a que no existiría un despertar sexual, al ser el amor del hada el que la despierta, por lo tanto, la imagen infantil que conserva aún en la segunda película está justificada y justifica, a su vez, la relación entre Maléfica y ella. Y no, no vamos a hablar del amor maternal que, supuestamente, es lo que intenta dejar como moraleja la película, porque lo que pudo haber sido un hermoso desenlace como “…y cada día, tu sonrisa me hará falta” se va por el caño en la segunda parte, cuando en un momento crucial; lo último que ve Aurora de Maléfica es “no, tú no me conoces”, dejando ver que tampoco perdonó la traición de la humana que había adoptado como su hija. 

Esta segunda película no termina de cuajar por ningún lado. Ni el amor entre madre e hija, pues Aurora decide no confiar en Maléfica, influenciada por el personaje de Michelle Pfeiffer (que sí existe en el cuento de Perrault, pero es a la princesa a la que odia e intenta asesinar). La interacción entre la reina y Maléfica pudo haber sido muy buena y explicar cómo el bien se antepone al mal, pero todos los momentos en los que el hada pudo haber tomado las riendas de la historia; se muestra neutral, no te queda claro si lo que estaba haciendo era porque creía que era lo correcto o simplemente por complacer a terceros, ya fuera Aurora o a los de su especie. La personalidad de Maléfica se ve anulada, no logra superar sus miedos en ningún momento ¿qué comunica eso?

Además; si algo tienen los clásicos de Disney es el castigo a sus villanos a través del karma, repasemos: a Scar no lo mata Simba, sino las hienas al sentirse traicionadas; a Gastón no lo mata la Bestia, se cae a un barranco; a Hades no lo mata Hércules, se cae al río de los muertos; incluso en Enredados la bruja se cae y te da a entender que de todas formas, sin el cabello mágico de Rapunzel, estaba condenada a morir. Bruno Bettelheim explica que el castigo al hada mala es necesario, porque así los niños entienden que las consecuencias por hacer algo malo pueden ser tan graves como sus actos mismos. En esta película, un personaje tan desalmado como el de la reina de Ulstead, tras haber matado a muchísimas hadas, hechizado al rey, traicionar la confianza de su propio hijo e incluso intentar asesinar a Aurora, es castigada… convirtiéndose en cabra.

Aunque la idea de que alguien malo puede elegir ser bueno es algo que se puede abordar para dar una lección, ese tipo de giros deben ser desde nuevas historias. La razón es que cuando creces puedes entender ese refrán de “quien te quiere, te hará llorar”, puedes disociar el bien del mal y, por lo tanto, asociar dichos conceptos en quienes te rodean y así entender que no todo es blanco o negro: no todos somos completamente buenos, ni completamente malos. Pero un niño no lo entiende así, porque en esa etapa debes generar el concepto de lo que está bien y lo que está mal, para eso existen las figuras de la madrastra, la bruja y el hada malvada frente a la madre bondadosa y el hada madrina. Bruno Bettelheim explica que estas dos figuras ayudan a la niña a asimilar cuando la mamá es mala (cuando la regaña, no le da lo que quiere o, simplemente, cuando mamá está de mal humor y no se porta amorosa). Esta disociación de una persona en dos, para conservar una imagen positiva de ella, es una solución que muchos niños aplican a una relación demasiado difícil de manejar o comprender. Con este mecanismo se solucionan inmediatamente todas las contradicciones.

Desde esta óptica, las películas de Maléfica, lejos de dar una lección; destrozan toda la estructura que podría aportar algo a la generación que crecerá con ellas como referente. Sin meternos en la nostalgia de las versiones de los 90, el justificar la maldad de los villanos y no darles un cierre, más allá de generar empatía con quienes actúan de cierta manera, convierte a los cuentos en productos de fácil consumo que no otorgan prácticamente nada para enfrentar al mundo a ninguna edad. El cine y la literatura infantil tienen –o deberían tener– como objetivo dar herramientas para la introyección de conceptos que ayuden a los niños a interactuar con su realidad. La pregunta aquí es ¿éstas películas tenían un objetivo más allá de las ventas? 


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