¿Podemos resistirnos a la estática de la nostalgia?

Por Julia Muñoz

El pasado 9 de agosto se estrenó en Netflix la película que nos ofrecería la posibilidad de ver una hora más de una de las caricaturas que llenaría nuestros días infantiles con momentos fuera de lo común y personajes irreverentes, pero entrañables: La vida moderna de Rocko. ¿A qué me refiero con fuera de lo común? ¿Recuerdan ese episodio en el que Ed Cabezagrande se ve rebasado por la vida corporativa adulta y decide confiar su futuro laboral a una albóndiga? ¿Tal vez cuando Heffer muere por su glotonería y lo vemos en el infierno siendo torturado por un personaje con una ubre en la cabeza llamado Duraznito? ¿Filburt y su lucha contra una caries gigante? Y claro, ¿cómo olvidarnos de aquella canción sobre reciclar y conservar el medio ambiente? 

No trataré de hacer un recuento aquí de los momentos más extravagantes de esta serie de la década de los 90. Sin embargo, pareciera que la última entrega que ustedes pueden ver ahora en Netflix ofrecerá, aunque sea por unos segundos, un vistazo sobre las tramas y personajes secundarios que vimos en todos los episodios de la serie original, a la vez que nos presenta su propia perspectiva sobre los tiempos que corren. La película tiene una trama relativamente sencilla: Rocko, Filburt y Heffer estuvieron en el espacio todos estos años, y cuando súbitamente vuelven a la Tierra en nuestra época, Rocko está abrumado por todos los cambios que han ocurrido en los últimos 20 años. Celulares, selfies, bebidas radioactivas, un Buzzbuks en cada esquina. O-Town dejó de ser esa pequeña ciudad relativamente tranquila, y pasa ahora a ser una urbe superpoblada, ruidosa, caótica. 

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Es fácil sentirnos como Rocko cuando nos ponemos a pensar por un segundo cuántas cosas han cambiado en nuestra vida desde que veíamos esos episodios en sus constantes repeticiones a través de Nickelodeon. Sin embargo, creo que uno de los puntos a favor de esta entrega, está en tratar de explicitar y problematizar cuál es la trampa que se esconde en nuestra mirada cuando tratamos de reflexionar sobre el presente a la luz de un pasado al que recordamos con nostalgia. En algún momento de la película podemos escuchar que uno de los personajes dice: “Bienvenido al siglo XXI, podemos hacer cosas sin pasión y con poco dinero.” Resumido en esta frase, ¿parecería que en los 90 de alguna forma estábamos mejor? ¿Que en esa época las cosas sí se hacían con pasión? ¿O simplemente que no era tan fácil hacer proyectos vacíos con gran distribución?

A lo largo de la película, nos encontramos continuamente con la reflexión de que nos resistimos al cambio porque dejamos de juzgar al presente por lo que es, y tratamos de verlo a la luz de una nostalgia que nos presenta un pasado que nunca existió. En la serie original, cuando Rocko consigue una tarjeta de crédito para comprarle un tazón apropiado a Spunky, se engancha en un viaje de gasto y despilfarro que culminan en la compra de un cuadro que retrataba a un payasito triste con pulmón artificial. ¿Son estos los tiempos mejores? ¿Aquellos donde nuestra pasión quedaba puesta en el cuadro del payasito triste, en comprar un tazón nuevo a Spunky? Si recuerdan, a Rocko lo acaban embargando porque no podía liquidar sus deudas. En otras palabras, ni siquiera en los 90, La vida moderna de Rocko pretendía ser una serie que glorificara la época como una de las mejores en la historia de la humanidad. Por el contrario, siempre tenía un tono ácido, irónico, sarcástico. Jamás dejó de criticar una visión fría y corporativa a través de Conglom-O. Corporación que, según la más reciente entrega, podría retratarse ahora como una plataforma más de streaming buscando hacer negocios apelando a una nostalgia frívola y sin mensaje.

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Esta tensión, entre la nostalgia de un tiempo mejor inexistente, y una caricatura que jamás ha dejado de retratar duramente su contexto histórico, la podemos encontrar en el título mismo: Rocko’s Modern Life: Static Cling, mismo que tradujeron en español como: La vida moderna de Rocko: Cambio de chip. El título en inglés hace referencia a la adherencia estática, que podemos observar, por ejemplo, cuando frotamos un globo a nuestro cabello o ropa y éste se adhiere por la energía estática resultante. Tal vez podríamos interpretar que este título hace referencia a lo que nos ocurre con la nostalgia. Nos adherimos a una época o fenómeno solamente porque estuvimos en contacto constante en algún momento de nuestra vida, no porque sean mejores o porque actualmente no tengamos nuevas historias que contar. Como el título en español lo indica, la película también nos invita a ya no adherirnos, a dejar ir esa necesidad de regresar a contenidos ya conocidos, a las secuelas, remakesoreboots que inundan tanto a la pantalla grande como a la chica. La película nos presenta a estos vientos de cambio como un personaje más, invitándonos a dejar de buscar en el pasado los contenidos actuales, y tratar de darle una voz a las nuevas generaciones, a nuevos temas, que incluyan mayor representación, más diversidad, y nuevos problemas propios de esta época. 


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