La irrupción de lo singular: Berlioz y la Sinfonía Fantástica

Por Demetrio Vite

——[I]——

Pensar la singularidad. El acontecimiento de su revelación. El rayo que ciega la mirada. El mismo rayo que une los cielos y la tierra en un centelleante instante. En la antigüedad todo aquél que había sido herido por Zeus era considerado un elegido del dios. 

¿Pero a qué nos referimos con pensar lo singular? Existimos en un mundo edificado con base en abstracciones. Desde pequeños las diversas instituciones sociales nos enseñaron a pensar abstractamente. ¿Recuerdas tus primeras lecciones de matemáticas en la niñez? Las incipientes sumas encarnadas en tus pequeñas manos: uno a uno los dedos obedecían contrayéndose hasta alcanzar el resultado. El tremendo salto se dio el día en que abandonando la intuición -la visión de la propia mano- tu mente concibió el concepto del número. Entonces tu mochila podía ser representada por el número uno, al igual que tu casa o tu mascota. De pronto se desdibujó la diferencia entre los seres, sorprendentemente todo, absolutamente todo cabía en la abstracción de la cantidad. Entonces dejó de importar el carácter propio de lo percibido por los sentidos. Seducidos por el poder de la unidad abandonamos la multiplicidad.

Con el paso del tiempo aprendimos que toda ciencia se construye gracias a su carácter abstracto. Sin importar, se trate de ciencias naturales, sociales o formales, todas ellas formulan un lenguaje conceptual propio. De la física aprendimos a concebir un universo lleno de átomos y fuerzas; de la química, elementos, sustancias y reacciones; o de la historia, edades, imperios y revoluciones. El salto fue el mismo que en el caso de los números, cada fenómeno podía ser clasificado según su concepto correspondiente. Pensar abstractamente nos abrió las puertas de todo saber que llamamos verdadero. La generalidad de su evidencia garantiza su objetividad. 

En el entusiasmo del conocimiento conceptual la vida, la naturaleza, se convirtió en piedra, en cosa, en objeto. Nuestra existencia entonces se diluyó en fantasmas inexpresivos, uniformes. ¿No es propio de nuestra condición el que el aburrimiento sea un problema generalizado? Lo que se nos presenta lo clasificamos en un concepto. Con pensamientos carentes de vida, todo asombro desaparece. El día de hoy, seguramente, nos hemos encontrado con algún ser humano, y de inmediato lo pensamos abstractamente, aquél es individuo que pertenece al género que lo engloba, o en otras palabras ‘es igual a cualquier otro hombre’, lo mismo sucede con una mujer, un niño, un anciano, aquel árbol, esa calle, la ciudad que nos habita. Todo en el mundo es lo mismo. Encarcelados, ansiosos construimos impotentes simulacros de singularidad, fugaces distracciones sin sustancia. Su escasa potencia no alimenta el espíritu languidecido, que cual loto de una antigua isla griega, sólo provoca el olvido de nuestra condición precaria.

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——[II]——

 “Lo bello no es nada más que el comienzo de lo terrible

Rilke

¿Qué es lo singular?

Lo único. Imposible de ser conceptualizado. Toda obra de arte es singular: La novena sinfonía de Beethoven es insustituible y no generalizable. Todo singular tiene una esencia y carácter propios. Los verdaderos artistas engendran singularidades. Sus sentidos, tocados por el rayo, perciben atónitos un mundo marcado por la diferencia obstinadamente irreductible a lo general.

La experiencia de percibir lo singular si bien es propia del artista, no es exclusiva del mismo, dado que todo ser humano tiene la posibilidad de experimentarla. Esto ocurre en una situación bien particular: el estado en que el ser humano se enamora. 

Sentirse herido por la presencia de la persona amada. Irrupción que mina toda seguridad. La solidez de nuestro mundo se desvanece ante la visión de aquel ser que no puede ser sustituido ni conceptualizado. Pareciera que el mundo revela un sentido oculto en la imagen sentida, percibida. En este estado febril la boca busca oídos, entonces los cercanos escuchan la melodía de nuestro interior, circunspectos, opinan que aquél o aquella, que fatalmente nos ha herido, no posee la virtud que nuestro discurso ha atribuido, y las palabras ‘es como cualquier otro’ provoca una ebullición en el interior del amante, negando radicalmente la uniformidad en un acontecimiento de carácter excepcional.

En el estado de profundo enamoramiento nuestros ojos vuelven a tener la mirada de un niño. El mundo se abre en singularidades infinitas.

——[III]——

Cuatro décadas han pasado desde que las convulsiones políticas de Francia marcaran al mundo moderno. 1830 es la fecha en la que con veintisiete años el joven compositor Héctor Berlioz escribe frenéticamente la partitura de su <<Symphonie fantastique: Épisode de la vie d’un artiste>>. Tres años han pasado de aquella puesta en escena de Hamlet de Shakespeare, justo en la cual Berlioz, arrellanado en su butaca, se irguió atónito, justo al percibir a Ofelia, personaje interpretado por Harriet Smithson. Desde ese momento Berlioz arderá herido de amor. Por más que lo intente, no podrá alejar la imagen de la actriz. 

La pasión por Harriet lo carga de potencia creativa. Concibe la Sinfonía Fantástica como el desarrollo de la historia de un joven músico arrebatado por el amor-pasión. La obra consta de 5 movimientos, los cuales Berlioz tituló de la siguiente manera:

1. Rêveries — Passions [Sueños y pasiones]
2. Un bal [Un vals]
3. Scène aux champs [Escena en el campo]
4. Marche au supplice [Marcha al cadalso]
5. Songe d’une nuit de Sabbat [Sueño de una noche de aquelarre]

Berlioz utilizó en esta sinfonía un elemento de unión entre los movimientos y que además es un elemento músico narrativo para expresar la presencia del personaje de la amada, es lo que él llamó la idée fixe o ‘idea fija’. Antes de abordar la alucinante sinfonía, aquí el enlace a la obra, dirigida por el gran Leonard Bernstein

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Querido lector, vayamos juntos escuchando la obra:

Primer movimiento [Sueños y pasiones]: Escuchamos el sueño de un joven músico cuyo carácter saturnino se hace patente. De pronto el ánimo se agita, ha despertado. Participamos del interior del músico, Berlioz escribe “El paso de este estado de sueño melancólico, interrumpido por excesos de alegría sin sentido, a una delirante pasión, con estallidos de furia y celos, su retorno a la ternura, las lágrimas, etcétera, es el sujeto del primer movimiento”.

Después de los vaivenes del ánimo descritos por Berlioz. Escuchen atentamente el minuto 5. La potencia de la orquesta remarcada por los timbales: un acontecimiento se anuncia. Doce segundos después, escuchamos por vez primera la melodía de la Idea fija: es la irrupción de la amada revelada al músico. Nótese lo significativo del contraste entre la dulce melodía de los violines con la fuerte tensión de los violoncellos. Recordemos la cita de Rilke que abre la segunda sección de esta entrada. Entonces la música manifiesta el agitado interior del músico. La ‘idea fija’ es sugerida, repetida, variada: de pronto es dulce, de pronto siniestra.

Segundo movimiento [Un vals]: El músico sigue con su vida. Como era habitual en el siglo XIX, asiste a un vals. Todo parece indicar bienestar. De pronto [min 15:23] el ambiente se tensa, vuelve la idea de la amada, escuchamos su melodía. El vals y la melodía de la idée fixe luchan. El vals sigue, pero ya no es el mismo, la presencia de la amada lo ha perturbado.

Tercer movimiento [Escena en el campo]: Para quien escribe esta columna, este movimiento es extraordinario, por la sutil y vigorosa forma de expresar la honda tristeza del músico.  Abre el movimiento las notas de un oboe [min. 19:35] que representa a un pastor en las colinas. Un corno inglés le responde. Dos personajes interactuando en feliz armonía. La melodía es sumamente suave y melancólica. Lenta, cual pasos de un niño triste, pero dentro de todo alegre por haber encontrado un compañero de juego. De pronto los violines se tensan, es el viento agitando los árboles -según el propio Berlioz- pese a ello todo sigue en una dulce e intensa alegría. Poco después [min. 27:25] el músico comienza a dudar ¿y si la amada lo engaña?, los celos emergen embravecidos, entonces ‘la idea fija’ aparece acompañada tensas y estridentes cuerdas. Aparente calma sigue después de ciertos vaivenes melódicos. Lo terrible acontece al final de este movimiento [min. 34:07]. El oboe inicial vuelve, llama a su acompañante con su inocente melodía, pero el corno ha dejado de responder, solo reverberan los fuertes golpes de los timbales que simulan una tormenta. El oboe insiste en su llamado. Nada. El breve y profundo silencio es rasgado por las percusiones más intensas. Solitario, entristecido, el oboe se resiste, llama una vez más, pero la furiosa tempestad le hace patente su terror: Está solo. Ha perdido irreversiblemente a su amada.

Cuarto movimiento [Marcha al cadalso]: Aquí la situación es llevada al extremo. El músico desesperado por la fatalidad de la ausencia, decide acabar con su vida y para ello toma una dosis de opio; la cual no resulta letal, por lo que comienza a alucinar -Berlioz adelantándose a los Beatles 130 años-. El músico delirando, sueña que ha matado a su amada. Es apresado. Este movimiento nos describe el juicio, del cual resulta culpable. Entonces le llevan a la guillotina. Colocado en posición para recibir la navaja, el músico [min. 41:06] antes de morir piensa en la amada, la ‘idea fija’ comienza, pero es inmediatamente interrumpida por un golpe que acaba con la vida del músico.

Pero esperen aún hay más.

Quinto movimiento [Sueño de una noche de aquelarre]: El viaje del músico sigue. En su alucinación, él piensa que ha muerto, pero como ha asesinado a su amada no merece el paraíso. Su alma llega al infierno. Berlioz es genial en la descripción que despliega con los instrumentos de la orquesta. El elemento más siniestro es que el amante halla a la amada, pero despojada de su sentido virtuoso, ahora su melodía es grotesca [min. 43:21]: la amada llega al aquelarre orgiástico del infierno. Lector, solo imagina lo que está sucediendo en el ánimo del músico; su amada celestial se ha convertido en parte de un oscuro carnaval monstruoso. Escuchamos las campanadas de una misa negra. La alucinación estalla: salen brujas que chirrían, esqueletos chocando entre ellos, toda clase de animales se deslizan y participan en la danza diabólica. En la pesadilla infernal de un músico apasionado, entre macabras sonoridades, la sinfonía finaliza.

Querido lector, ¿te sorprendió la obra de Berlioz? ¿Te gustó su desenlace? No dejes de hacernos saber tu opinión. Antes de cerrar esta columna. Si te interesa saber más de esta obra, dejo aquí el video en el cual Leonard Bernstein explica con detalle los elementos de La Sinfonía Fantástica.


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