Game of thrones. Temporada tres. Los Lannister mandan saludos

Por Angélica Velázquez

En esta tercera temporada los personajes son asaltados por temores, soledades y pasiones contradictorias y movidos por pulsiones elementales: casi todos por ambición y búsqueda del poder a cualquier precio, pero también por empatía, nobleza, maldad, sadismo, heroísmo y sí amor; porque este es un drama político y familiar, cuya acción (o al menos la que yo más disfruto) es mayoritariamente dialéctica, aunque por supuesto no falta la acción, la violencia y el sexo.Cada secuencia tiene una tensión interna admirable, frases aparentemente inocentes que tienen una repercusión enorme en otras historias y con mucho subtexto, siendo más estimulante que alguien diga “te voy a matar” en lugar de “te estoy matando”.

Tormenta de espadas, según muchos, es el mejor libro de la saga, por lo que aparentemente HBO la tenía fácil en esta temporada, sin embargo, a diferencia de que en los libros un personaje puede desaparecer y reaparecer un par de libros después, HBO no puede darse esos lujos, por lo que tiene que adaptar los hilos argumentales para que no perdamos de vista lo que pasa con cada subtrama y ¡vaya multitud de personajes que tenemos! Los críticos pensaban que una serie de ficción no aguantaría la adaptación del formato literario, y que la audiencia no seguiría una serie donde tantos personajes con nombres difíciles de recordar se la pasan hablando. El showbusiness televisivo no funciona así… o no funcionaba, hasta que HBO lo hizo.

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En el 2013 comparaban esta serie con éxitos como Los Soprano y con la tensión de Lost, hoy a la distancia y sin hablar de la numeralia, me doy cuenta de lo lejos que llegó Game of Thrones ya que no hay algo semejante contra lo que una comparación sería justa, al menos no en la TV.

Ya sabíamos que no hay que encariñarse mucho con los personajes, porque hasta el más cautivador de los protagonistas puede “perder la cabeza” en cualquier rato, pero por mucho esta temporada tiene el capítulo más sangriento, violento y de mayor conmoción que se haya visto, y no ocurre en una batalla, ni en un torneo, ni en un combate; todo pasa en una boda. Cuando George R.R. Martín les preguntó a David Benioff y D. B. Weis cuál había sido el suceso que los llevó a pensar en una adaptación de sus novelas, ambos respondieron al unísono “La Boda Roja”. Y es que las bodas siempre eran alianzas motivadas por el poder, Robb Stark debía casarse con una de las hijas de Walder Frey, su madre ya lo había comprometido, pero él se enamora y se casa con alguien más. Tras esta traición, los Bolton, los Frey y los Lannister conspiran para asesinar al rey del norte; entonces bajo el pretexto de firmar otro pacto matrimonial, esta vez con un Tully, ponen la condición de que el rey Robb personalmente se debe presentar a ofrecer disculpas, terminando todo en una masacre para las fuerzas norteñas y en el capítulo más arriesgado y traumático de la televisión.

El autor ha comentado los hechos históricos reales que lo inspiraron para este pasaje, ambos ocurrieron en Escocia en 1440 y en 1691 y en ambos hechos hubo un juramento roto, traición y desconfianza; así que como dijo Martin “no importa lo mucho que yo invente, hay cosas en la historia tan malas o peores”. 

En las temporadas previas la música no había formado parte de la trama. Es hasta este momento que toma el protagonismo, pues minutos antes de que comience la masacre, la banda sonora te avisa lo que va a pasar, pero sólo uno de los personajes se da cuenta. The Rains of Castamere es una canción que indica peligro, el himno de la casa Lannister, al hacer esta retrospectiva inversa, me doy cuenta de que tan condicionada estoy con la música cuando ésta anticipa la muerte de algún personaje, lo cual obvio no lo noté la primera vez que la vi.

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También se da como constante que los reyes siempre mueren de formas estúpidas: herido por un jabalí, envenenado, suicidio, aplastada por una piedra, acuchillado por una niña, quemado en una hoguera y bueno luego están Daenerys y Robb asesinados por causas derivadas del amor. La diferencia es que la muerte de Robb es vengada en una de las mejores escenas de la serie, mientras que nadie hace justicia por Daenerys.

Entre las cosas que atrapan de la historia es que, sin importar si son noble, rico, guapo o fuerte, todos los personajes tienen por lo menos una pérdida, un descalabro, algo que sale mal, y eso hace que esta ficción siempre sea impredecible. Jaime Lannister, alguien descrito como un guerrero nato, a quien nos acostumbramos a verlo vestido de blanco por ser parte de la Guardia Real, orgulloso arrogante, amoral y tan atractivo que parece el doble opuesto de su hermano Tyrion; armado caballero a los 15 años, apodado el Matarreyes, acaba siendo capturado, maltratado y le amputan la mano derecha, perdiendo con ello sus habilidades de combate. Entonces lo vemos sumido en una profunda depresión, frágil, porque una cosa es matar al león, y otra más cruel y atroz es cortarle una zarpa.

En esta temporada solo a Daenerys le va bien, ella triunfa y renace como madre de esclavos, en una escena digna de musical de Eva Perón.


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