Booksmart: cómo aprender de nuestras decisiones y renuncias

Por Julia Muñoz

A veces, la vida pareciera presentársenos bajo la forma de disyunciones. Es cierto, no siempre podemos hacer todas y cada una de las cosas que nos gustaría. Para muchos de nosotros, algunas de las decisiones más importantes conllevan una renuncia: tener un trabajo estable o viajar, bingear más capítulos de nuestra serie favorita o irnos a dormir temprano, ver a nuestros amigos o dedicarnos un tiempo para nosotros mismos. Por supuesto, cuando nos organizamos bien y tenemos suerte, es posible conciliar todos estos intereses y en alguna medida, realizarlos todos incluso si es dedicándoles menos tiempo del que quisiéramos.

Sin embargo, por muy bien que nos organicemos, sigue siendo cierto que cada decisión nuestra implica una renuncia. A veces la vida nos presenta nuestros mayores retos en forma de decisiones. Al final del día, esto se debe a que todo aquello que elijamos siempre traerá consigo un precio a pagar, una renuncia. Y qué difícil es renunciar a las oportunidades que tan sólo se nos prometen pero que no podemos perseguir. De ahí la importancia de aprender a tomar las mejores decisiones pues, de lo contrario, podríamos descubrirnos un día arrepentidos de haber dejado de hacer muchas cosas que nos hubiera gustado, simplemente por elegir lo que en algún momento creímos importante. Cómo olvidar el inicio del “Fausto” de Goethe, cuando nuestro protagonista se da cuenta que ha dedicado su vida a estudiar teología, filosofía y leyes, pero que esto lo llevó a abandonar todos los otros anhelos y deseos que tenía. ¿Qué pasa con esas oportunidades a las que renunciamos porque creímos que debíamos dar prioridad a otras?

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Booksmart, la primera película dirigida por Olivia Wilde, nos presenta un relato que comienza justo con la conciencia de todo aquello a lo que renunciaron nuestras protagonistas por tratar de asegurar su futuro cuando salieran de la preparatoria. Molly y Amy son dos mejores amigas que han dedicado cada segundo libre a estudiar, prepararse e invertir en su futuro. Sin embargo, justo un día antes de la graduación, Molly descubre que esto tal vez era una falsa disyunción, o por lo menos, que fue una disyunción que ella llevó al extremo. Podría haberse divertido de vez en cuando, además de estudiar. Pero nunca lo hizo. Ella creía que éste era el precio a pagar para conseguir lo que ella consideró como lo más importante. Y con este aprendizaje, confundida y nostálgica por un pasado que ya no va a poder vivir, decide que, junto con Amy, irá a una fiesta antes de graduarse para poder experimentar de todo aquello que se habían perdido, aunque sea por una sola noche.

Lo que encuentran llegando a la fiesta es en realidad lo que podríamos imaginar en cualquier fiesta de preparatoria sin supervisión. Aunque cabe recalcar que algo que se agradece muchísimo de la película de Wilde es que en ninguna de las interacciones con sus compañeros observamos los clichés de otras películas en donde se replican estereotipos como: las populares, los nerds, el bullying entre los diferentes grupos, etc. En esta fiesta, todos parecieran tratar de pasarla lo mejor posible, sin excluir a nadie. No es que todos sean amigos, pero se agradece ver en la pantalla grande una posibilidad que a veces, desde nuestra vida cotidiana, pareciera tan lejana.

El aprendizaje que se llevarán por haber ido a la fiesta no tiene que ver tanto con lo que viven ahí, sino con cómo esa situación les refleja algo desconocido de sí mismas y de su propia amistad. Amy vivirá su primer momento de amor, liberación e ilusión, para segundos después caer en picada. Molly se acercará al chico que le gusta sólo para descubrir que tal vez sus sentimientos no son correspondidos. Pero, ¿no es eso ser adolescente? ¿No es esto un elemento imprescindible para crecer? Parte fundamental de crecer es vivir esos momentos en los que todo está en juego, en lo que experimentamos sentimientos tan intensos que estos amenazan con sublimarnos o matarnos, y cuya transición puede ser tan brusca que no requieran más de dos segundos para salvarnos o destruirnos.

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Booksmart es una comedia para adolescentes que representa lo mejor de ese género que fuera tan popular sobre todo en los 90, en donde los conflictos escolares, el primer amor, y la amistad que esperamos sea eterna, son los ejes en torno a los cuales gira nuestra vida. Es una película que permite pensar muchas cosas sobre las decisiones que tomamos y con ello, las renuncias que hacemos. Y también, es un retrato de cómo las mejores amistades pueden estar ahí para ayudarnos a sobrellevar nuestras renuncias y apoyarnos en nuestras decisiones, sólo porque nosotros creemos que son importantes y valen la pena.


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