A las víctimas de la espera: Zama de Antonio Di Benedetto

Por Giovanny Ariel Rodríguez Cisneros

Diego de Zama es un funcionario de la corona española, varado, como asesor letrado del gobernador, en la Asunción del Paraguay de 1790, doctor en leyes y letras, aquel que alguna vez fuera capaz de resolver con paz los conflictos de los indios; un hombre que, en efecto, “fue” y no podrá volver a ser nunca más. Zama, ahí, solo, vive esperando la suerte: su familia se halla en el lejano Buenos Aires y él escribe una correspondencia infinita que tardará meses en llegar a su destino y en ser respondida: le pide paciencia a la mujer, Marta —quien sufre hambre y pobreza—, le promete dineros futuros y que pronto, muy pronto, el rey aprobará el traslado para al fin hacerse cargo de su hogar abandonado. Zama vive y espera, día a día, con la sensación del tiempo miserable que siempre retorna a los solitarios y olvidados, ¿cuánto de la vida no se pierde esperando?, ¿cuánto de nuestra ilusión no está fundamentado en un absurdo?, ¿cuánta demora es capaz de soportar la esperanza de un hombre?, ¿qué se necesita para empezar a actuar? A pesar de las preguntas, Zama espera y se abstiene de ejecutar cualquier plan para su felicidad.

Mientras aguarda a que todo cambie por sí solo, la búsqueda de una sustituta para su felicidad comienza, ¿es realmente lo que necesita para ser feliz?, ¿una mujer colmará de felicidad el vacío? Antonio Di Benedetto (1922-1986), con una prosa directa, filosa y descarnada, al narrar la ficticia vida de Zama en 1790, nos muestra que, tal como los hombres, las mujeres tampoco son completas y no traen toda la felicidad que un solitario necesita. Una vida dichosa no dependerá del favor interesado de nadie: la salvación es imposible sin amor real y es inútil la ayuda cuando se pide en un medio donde no hay compasión. Nadie ayudará a Diego de Zama hasta que se decida a dar sus propios pasos hacia la autenticidad de su vida.

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Pasan cuatro años, ya en 1794, Diego de Zama ha formado otro miserable hogar, no ha sido trasladado y la esperanza de ver a Marta es ahora casi nula, casi tanto como el dinero que posee; la pobreza lo invade y aquello que parecía mantenerlo inmóvil —su trabajo— ya no es razón suficiente para mantenerlo ahí: le adeudan bastantes meses de pago. ¿Qué espera el otrora afamado Diego de Zama para darle un sentido nuevo a su vida? ¿Está resignado a esperar la muerte? ¿Toda vida, cualquiera que sea, merece ser vivida?

De forma inesperada, el año de 1799 ha llegado a Asunción del Paraguay. Casi diez años de espera insensata han obligado a Zama a salir en una expedición, con un grupo de soldados liderados por el capitán Parilla, para capturar al despiadado bandido Vicuña Porto. Quizá, si estos hombres triunfan, Su Majestad trasladaría a Zama a donde mejor le acomode. Diego de Zama es el único hombre que conoce a Vicuña Porto, pues colaboraron juntos cuando la fama corregidora de Zama corría por el Cono Sur. La espera eterna, sin sentido, y la falta de un propósito real para una vida llevarán a cualquier hombre a expeditarse en absurdos cuyo retorno siempre será dudoso y cruel.

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La novela Zama de Antonio Di Benedetto está considerada como una de las cúspides de la literatura hispanoamericana. Sin dudarlo, es una novela digna de un rigor kafkiano. No es gratuito que el gran escritor J. M. Coetzee también reseñara Zama, inclinándose en enormes elogios por la literatura de Di Benedetto: “Zama se lee como la historia de un americano que se desprende de los mitos del Viejo Mundo y se compromete a sí mismo ya no a un Edén imaginario, sino al Nuevo Mundo en toda su increíble realidad. Esta lectura se sostiene en el rico soporte textual que ofrece Di Benedetto: flora y fauna exóticas, depósitos mineros fabulosos, comidas desconocidas, las tribus salvajes y sus cosas. Es como la primera vez que Zama abre sus ojos ante la plenitud del continente. Que todo este conocimiento no le haya llegado a Di Benedetto por experiencias personales —nunca puso un pie en Paraguay—, sino a través de libros, […] es una ironía que no debe complicarnos”, escribe Coetzee con ocasión de la traducción inglesa de la novela. Ya en el 2017, Lucrecia Martel proyectó Zama, su propio filme basado en la novela, pero, a decir verdad, sin dejar de considerar que el cine posee atributos artísticos propios que lo distinguen ampliamente de la literatura, la película no le hace justicia a la constante, absurda y lenta angustia que Diego de Zama padece en su soledad.

Zama podría leerse como una novela que retrata los malestares modernos del alma: la indecisión total y la depresiva espera por un inesperado futuro dichoso se mantienen latentes en las expectativas de nuestros contemporáneos. Y a ti, querido lector, ¿qué es lo que esperas, con total absurdidad, que ocurra en tu vida? No olvides que la literatura también nos confronta con nuestras añoranzas más ridículas.


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