Poemas rojos para corazones cuarteados

Por Isabela Robles Corona

Ahí estaba yo, en la Colonia Roma, paseando de noche en plena contingencia ambiental y vi una cafebrería famosa. Cuando Isabela entra en una librería, nunca busca nada, pero siempre encuentra algo.

Cuando no tienes nada que perder, saltas. Y cuando ya lo has perdido, vuelas.

Una de las cosas que más me gustan de los libros es que comienzan a regalarte historias desde antes de abrirlos. Dónde lo compraste, quién te lo regaló, cuando fue la primera vez que lo viste, quién te lo recomendó, qué maestrx te obligó a leerlo, por qué ese y no otro; intento recordar la última vez que alguien me preguntó algo parecido, “pero nadie”. Cada obra que ha llegado a este librero azul tiene su historia, pero el de hoy, Ahora que ya bailas, tiene una muy peculiar que merece ser contada.

Era mayo, acababa de entrar a mi trabajo y estaba viviendo un proceso de duelo, todo lo que buscaba era reconectar con esas cosas que asumía había dejado de lado durante el 2018. Ahí estaba yo, en la Colonia Roma, paseando de noche en plena contingencia ambiental y vi una cafebrería famosa. Cuando Isabela entra en una librería, nunca busca nada, pero siempre encuentra algo. Esta vez no fue la excepción, me topé con Con tal de verte volar y Ahora que ya bailas, los dos libros de Miguel Gane, un poeta español al que sigo en redes sociales desde hace un tiempo y que me tiene embelesada con cada cosa que postea. 

Cuando comencé mi vida laboral cuidaba mucho mis gastos (suena tan irónicamente lejano para haber sido hace tres meses), así que decidí no comprarme esos libros, pues al día siguiente había acordado con mis hermanos ir al cine a ver Detective Pikachu. Cualquiera podría decir que bastaba con limitar mi consumo en esa salida, pero la cosa es que Adolfo y Augusto siempre me consienten, de mil maneras, me han puesto en primer lugar más veces de las que puedo contar, nos somos incondicionales, por eso quería comprarles golosinas y pagar sus entradas con ese primer sueldo. Escribí en Twitter una versión resumida y concluí: “que nadie se atreva a dudar que daría mi vida por esos dos imbéciles.”

Al otro día iba en el metrobus de regreso a mi casa cuando se me ocurrió revisar redes sociales y fue cuando lo vi: Miguel Gane me había contestado ese tuit diciendo que me regalaba su libro. Hablamos por DM, me pidió mis datos, y remarcó la importancia de cuidar a los hermanos, asumo fue eso lo que le llevó a querer hacerme ese obsequio. Recibí muchos comentarios sobre lo bonito de mi gesto y otros tantos diciendo “ojalá eso me pasara”; yo no me creía lo que ocurría. Él me prometió que arreglaría todo esa semana para recibir su libro lo antes posible, un envío desde España era claro que no lo recibiría a los dos días.

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La vida siguió, cada día me reconocía un poco más. “No hay mayor dolor que querer olvidar a quien un día fue todos tus momentos, a quien ahora es todos tus recuerdos.” Era 8 de julio, un día antes yo había bebido demasiado, tenía más emociones de las que mi cuerpo podía contener y eso se tradujo en dolor de garganta, de cuerpo, de todo. Regresé temprano a casa, cuando estaba por abrir el zaguán se me acercó un repartidor, me preguntó si conocía a Gloria e instintivamente –pensando en mi mamá- contesté que sí. Él sacó un paquete de su camioneta y comenzó a hablar muy rápido: que llevaba rato ahí, que estaba tocando el timbre, que preguntó con los vecinos si no regresarían pronto, que ya había hecho entregas en esa casa, que estaba a punto de irse cuando me vio; sin duda era un sujeto agradable, pero yo estaba muy concentrada en no morir como para intentar responder, sólo me parecía rarísimo que le llegara un paquete a mi mamá.

Resultó que era a Gloria Isabela a quien buscaba. Una serie de eventos cósmicos hicieron posible que yo estuviera ahí en ese mismo instante, pues un día normal yo no habría llegado a esa hora, un día normal mi Tata hubiera estado en casa, un día normal no me dolería la garganta, pero sin duda: un día normal no hubiera recibido un libro de parte del mismo autor. Todo es perfecto, hasta esos detalles que tu ego no sabe interpretar hasta que la calma llega.

Los poemas de Miguel son como una imagen persistente en la retina; es fácil recibirlos, lo que cuesta trabajo es que salgan de tu cabeza. Me pareció ver un patrón en sus letras y es que la palabra que utilizó en un poema para hacerte sentir amada, al siguiente la utiliza para explicarte por qué no puede quedarse.

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El libro se divide en tres partes: Silencio, Ruido y Música y tiene pétalos cada ciertas páginas (que son frases cortas pero muy significativas, dignas de postearse en Instagram). Me fue un poco incómodo leer la parte de Silencio, pasaron por mi cabeza muchas imágenes propias, cuando aceptaba la manipulación y me escondía en lo que creía que era amor, pero me dolieron aún más las imágenes de otras mujeres, joyas preciosas en manos de cerdos agresivos, apagando su luz para no cegar a una bestia que creían que podían salvar, perdiendo un poco de ellas en el proceso, saliendo de ahí con heridas invisibles e incurables. En el prólogo, la ilustradora Alba aclara que este escritor no intenta ser partícipe de una lucha que no le corresponde, pero que sí intenta dar voz a quienes no encuentran la suya, que le escribe a quien hubiera querido decirle “ojalá te salves”. Si alguna vez has estado en una relación tóxica, por favor, por favor, lee este libro. “Después de los gritos, después de que el huracán amaine y el mar esté en calma, solo quedas tú.”

Antes de ser la mujer
de la vida de cualquiera,
tienes que serlo de la tuya.

Creo que lo que más me gustó de este poemario es que deja espacio a todas las sensaciones. “Cuando acaba el concierto de tu vida, todo a tu alrededor es ruido. Con esto quiero que entiendas lo que le sucedió a tu risa cuando dejé de escucharla.” Al inicio mencioné que vivía –y vivo aún- un proceso de duelo, aquí encontré las palabras que no pude decirle a la persona que tanto amé, sin rencor, sin tristeza, pero con un profundo agradecimiento a lo vivido. Y es que me da la impresión de que estos poemas no son para alguien que está enamoradx de otra persona, sino para alguien que ha aprendido a enamorarse de la vida. “Tu viaje es contigo”. El amor tiene muchísimas caras, al muy sádico le gustan los disfraces, y sin embargo aprendes a reconocerlo en las manos que te acarician el cabello y los ojos que te miran fijo, pero también es necesario aprender a sentirlo cuando caminas escuchando Love of Lesbian o cuando alguien te dice que eres buenx en tu trabajo: el amor también está en las veces que te duele el estómago de tanto reír.

No hace mucho alguien me dijo: “ocurre con las relaciones importantes que te marcan un antes y un después”. Este libro es para ese momento en el que los nombres aún te hormiguean los labios, cuando todavía hablas demasiado en pasado porque tu futuro apenas se escribe, ya sin él, sin ella, pero contigo siempre.

El último beso que le di a la persona a la que no habría dejado de besar en la vida. Eso es despedirse.


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