Noventa minutos del deporte más hermoso del mundo

Por Isabela Robles Corona

En México y Latinoamérica, el fútbol tiene la presencia que ningún otro deporte alcanza, sin importar cuánto se haya extendido el fútbol americano o cuánto presupuesto se destine al béisbol; ninguna pelota se juega igual que “la menina”.

Jorge Luis Borges, uno de los críticos más severos del deporte, calificaba a todo lo que tuviera que ver con el balompié como una completa falta de respeto para la cultura. En las redes sociales nos encontramos miles de “intelectualoides” empeñados en sacar a los aficionados de la caverna en la que nos han metido los medios de comunicación con relación a este deporte. Pero no nos dedicaremos a debatir con estas opiniones, pues el libro que del que vengo a platicarle es uno que recién se integró a este librero azul y que se dedica únicamente a este deporte: El fútbol a sol y sombra de Eduardo Galeano.

Con Galeano ocurre algo que sólo ocurre con los grandes escritores: polariza, lo amas o lo odias. Y, en ese mismo sentido, puedes decidir quedarte solo con la retórica de izquierda de Las venas abiertas de América Latina para que entonces venga alguien a decirte que era uno de los intelectuales que dedicó buena parte de su obra al fútbol.

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El libro comienza con una confesión del autor donde habla sobre cómo su habilidad para jugar fútbol era tan extraordinaria que nunca salió de sus sueños y disculpando su inconsistencia como fanático. Acepto y comparto las disculpas de Eduardo. Desde los seis años ya tenía el impulso de correr tras el balón, mismo que se alimentó por el amor incondicional entre mi hermano mayor, Adolfo, y yo (nunca hemos entendido por qué fuerza cósmica es que el menor de los Robles Corona no ama el fútbol). Pero ni mi afición ni mi habilidad me dieron para dedicarme a eso, como puedes leer en mi semblanza aquí en CineAutopsias, sabrás que también soy una futbolista frustrada.

Pero no sólo eso, mi nivel de hincha podría ser juzgado de tibio. Alguna vez un amigo mío me dijo: «le vas al América y al Real Madrid, los dos equipos de la gente odiosa». Siendo honesta: ya no veo los partidos de ninguno de mis dos equipos, me quedé con un par de partidos de la Copa América buscando un poco de calidad y me regalaron un Uruguay-Japón sinceramente bueno. Juan Villoro también afirmó que el fanático del fútbol es, esencialmente, «alguien que espera algo». Esa es mi postura como hincha, por eso me identifico con Galeano y, especialmente, con este libro. «Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece». 

Parte de esa frustración a mi sueño de ser futbolista viene del tiempo en el que me tocó crecer, aún a inicios de los 2000 no era precisamente «normal» que las niñas jugaran fútbol. No había equipos femeniles, muy pocas ligas aceptaban equipos mixtos y por cada uno que aceptaba había tres rivales que se negaban a competir con un equipo que incluyera una mujer. Por eso esta última edición del Mundial Femenil en Francia me hizo infinitamente feliz, esas mujeres dejaron todo en la cancha, demostrando que jamás se jugará igual que los varones; jamás verás a Alex Morgan hacer un teatro como los de Neymar, jamás escucharás que alguien se atreva a llamarle «pecho frío» a Ada Hergerber, jamás se dirá que Lieke Martens ofende con su soberbia, ni a Charlyn Corral rechazar el llamado de la Selección. Y solo para terminar las comparaciones: hasta Homero Simpson sabía que Estados Unidos nunca jugará fútbol, lo que no especificó fue que solo los hombres no lo lograrán.

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Galeano explica detalladamente los elementos del fútbol: la pelota, el gol, el delantero, el arquero, la cancha, el árbitro, la afición. Todo eso que damos por sobreentendido quienes amamos el deporte desde temprana edad y que los “no creyentes” difícilmente comprenderán. Pasando por las primeras patadas, la época donde no se les permitía jugar a los negros, hasta las selecciones brasileñas que nos regalaron el joga bonito; este libro ofrece una retrospectiva sobre lo que el balompié le ha ofrecido al mundo y lo que el mundo le ha ofrecido al deporte.

Lo que más me gustó de esta obra fueron las referencias históricas, porque recuerda que el fútbol no es solamente lo que pasa en la cancha, el fútbol vive en un contexto, se nutre del mismo y expone mucho de lo que ocurre alrededor. Al ser un producto de masas (porque el amor no debe nublar la objetividad) la política se ha valido mucho de éste a lo largo de toda su historia: Mussolini, Hitler y Pinochet son algunos de los nombres que resaltan a la hora de usar al deporte como arma de propaganda.

Me atrevo a decir que este libro es para quienes amamos el deporte, pero también para quienes no comprenden qué es lo emocionante de ver a unos humanos correr tras un balón. Asimismo, este libro es para quienes afirman que el fútbol se piensa como se juega: con los pies, pensando que aquello es una ofensa. Te invito entonces a que me cuentes qué es lo que más odias del fútbol…


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