Here we Kum

Por Gooz

Todo el día estuve sintiendo esa incertidumbre de lo que iba a pasar cuando la banda que cambió todo se subiera al escenario. El domingo 30 de junio de 2019 se llevó a cabo el Vans Royal Side Stripe, evento que me tocó cubrir como prensa gracias a Zonido Libre, un programa donde hablo de música. Isabela (mi compañera y gran amiga) y yo sabíamos que iba a haber una banda sorpresa, banda que Vans decidió anunciar la misma semana del evento. Molotov era la cabeza de el festival, la banda que iba a coronar “La fiesta del Skate en México”, no me emocioné en realidad cuando supe que esa era la banda sorpresa, la verdad es que esperaba a Bengala, que hace poco volvieron a reunirse, pero eso es irrelevante, así es que les contaré mi historia con Molotov. 

Cuando pasé a la secundaria mis padres tomaron la decisión de que era momento de cambiarme de escuela de paga a una pública, cabe mencionar que en ese entonces yo escuchaba todo lo que podía escuchar en la radio, en los comerciales de televisión o en las recopilaciones de éxitos que vendían en los mercados (si estás juzgándome por comprar piratería, no niegues que lo has hecho en algún punto de tu vida). La música siempre ha sido parte importante de mi vida, me he sentido relegado en muchos aspectos de mi vida, siempre he considerado a los audífonos como unos buenos amigos, así es que sí, desde pequeño conseguí que mis papás me compraran un discman, objeto que llevaba a todas partes, como era un ser que escuchaba lo comercial, consumía lo comercial, tenía los discos de Kalimba, Miranda, Moderatto y La oreja de Van Gogh, al menos esos son los que recuerdo y los que en su momento fueron relevantes.


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Cuando pasé de la transición y entré a la secundaria, todos tenían dudas de por qué esos eran mis gustos musicales y fui duramente criticado, al menos eso creía yo en primero de secundaria. Cuando tuve la oportunidad obtuve el primer disco que cambiaría todo, y es que es cierto después de ese disco nada sería igual, probablemente si eso no hubiera pasado, hoy estaría escribiendo de Carlos Rivera o Pablo Albolra, del regreso de los Jonas o cosas por el estilo. 

Recuerdo todavía la sensación cuando escuché “Danse and dense denso”, mi corazón latía más rápido, quería bailar, pero no sabía cómo y a partir de ahí supe que ya no iba a regresar a las baladas de La oreja de Van Gogh. Molotov me catapultó a otro tipo de música, al rock en español, me hizo ser más selecto en lo que escuchaba y, aunque solo dure año y medio en la secundaria pública, lo que me había llevado de ahí se quedaría conmigo de por vida.

Años después llegó a mí la voz de Enrique Bunbury y fue otro cambio, porque me llevó a toda la música española, pero principalmente me llevó a Quique González, el cantautor que aún puede tomar su guitarra y hacer un tour en los bares de la carretera y que te deja encantado con su melodía y el mensaje que hay en sus letras. 

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Hoy en día ya no escucho a Molotov, ya no me gusta, siento un odio por Enrique Bunbury, pero no por su música, su música aún me provoca esa nostalgia, porque ahí fue donde mi viaje empezó, donde empecé a escuchar algo distinto y eso me llevó a gustos que son poco comunes, sí Molotov y Bunbury son nombres comunes, pero yo no me refiero a ellos, ellos sólo fueron un vehículo que me llevó a un lugar espectacular. 

Pero ahí estaba, en el Palacio de los Deportes, esperando a que todo estuviera listo para ver que sensación causaba en mi las notas que un día me hicieron querer bailar sin saber cómo y pasó lo mismo: la euforia y las ganas de bailar slam se apoderaron de mí, canté todo lo que me sabía aunque había partes que se habían ido de mi memoria, pero la energía seguía siendo lo mismo, la nostalgia musical me invadió sin importar que ya no son de mi agrado sus participantes, pero mi corazón aún siente algo por su música. Porque después de todo hoy todo eso es parte de tu historia, es lo que en un momento me hizo sentir aceptado, lo que me hizo sentir bien en una noche de desolación, lo que me hizo hacer amigos, la música es magia y no me cansaré de decirlo. 


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