El milagro de la canción: Música y Palabra

Por Demetrio Vite

“Podríamos igualmente llamar al mundo música hecha cuerpo o voluntad hecha cuerpo: a partir de aquí resulta comprensible por qué la música resalta cualquier pintura y hasta cualquier escena de la vida real y del mundo, incrementando su significación (…) a eso se debe el que se pueda poner a la música un poema, en el canto.”

Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación.


Amable lector, tú que entre tantos ajetreos que el día exige de ti, tienes la consideración de hacer un poco de espacio entre el tumulto de tus quehaceres para venir aquí y detenerte a pensar, a oír, a sentir la música. En esta ocasión quiero proponerte un juego. 

¿Listo?

La actividad lúdica consiste en lo siguiente:

1. Antes que nada, asegúrate de estar en un lugar tranquilo. Libre de interrupciones de cualquier tipo.

2. Escucha la siguiente canción de Gabriel Fauré, ‘Après un rêve’, (es importante no seguir adelante hasta terminar de escuchar el tema):

¿Podrías expresar lo que provocó en tu ánimo la obra? ¿Qué emociones, qué intensidades emergieron intempestivamente? ¿Qué recuerdos, qué anhelos, qué sueños, de inmediato la música arrancó de tu memoria?

3. Ahora lee con calma el siguiente poema, de tal forma que la sonoridad de cada palabra resuene en tu fuero interno. Una lectura lenta y atenta es lo que se requiere.

Mientras dormía, atesorando tu imagen,
Soñé la dicha, un espejismo ardiente:
Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora,
Brillabas como un cielo en la claridad de la aurora. 
Tú me llamabas y yo dejaba la tierra
Para escapar contigo hacia la luz;
Los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes,
Esplendores desconocidos, divinos claroscuros.
¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños!
Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños,
¡Regresa, regresa radiante, regresa, oh noche misteriosa! 

**Aquí el poema en francés: 

Dans un sommeil que charmait ton image 
Je rêvais le bonheur ardent mirage, 
Tes yeux étaient plus doux, ta voix pure et sonore, 
Tu rayonnais comme un ciel éclairé par l’aurore; 
Tu m’appelais et je quittais la terre 
Pour m’enfuir avec toi vers la lumière, 
Les cieux pour nous entr’ouvraient leurs nues, 
Splendeurs inconnues, lueurs divines entrevues, 
Hélas! Hélas! triste réveil des songes 
Je t’appelle, ô nuit, rends moi tes mensonges, 
Reviens, reviens radieuse, Reviens ô nuit mystérieuse!

¿Qué le ha sucedido al yo poético, es decir, al personaje que dentro del poema escribe? ¿A qué remitirá cuando habla de un espejismo, de una ardorosa ilusión –ardient mirage-? ¿Por qué al final existe una melancólica exigencia del retorno de la noche?

4. Ahora puedes ver el siguiente video:

Con la traducción del poema en mente, puedes seguir la melodía de la letra en francés.

¿Qué te ha parecido? ¿El tono y timbre de la soprano dramática acentuó o disminuyó la intensidad de la música instrumental? Y aún más lejos, ¿la palabra del poema elevó la obra a una altura que la música no podría llegar por sí sola, o más bien la sola potencia de la música expresó por sí misma -y mejor- el sentido al que apuntaba el poeta? ¿Cuál es ese sentido? ¿Cuál camino nos lo revela: la palabra o la música? 

Regresa tantas veces quieras, ya sea al primero o segundo de los videos. Regresa tantas veces quieras a las preguntas. Pues lo que está en juego va más allá de la propia composición…

Tú y yo vivimos en un mundo lleno de palabras. En este momento lees esta pequeña columna, y si has seguido el juego, tu consciencia ha conversado consigo misma. Tal vez cansado de esto, cierres la página, y apresurado vayas a encontrarte con tus amigos para distraerse unas horas platicando con ellos. O tal vez, de pronto, recordaste el mensaje que olvidaste contestar, un poco apenado comienzas a escribir. O con el sentimiento que provocó el tema, dudoso tomes el celular para marcarle a aquella persona que, como el personaje del poema, movió en ti el ardoroso anhelo. En fin, cualquiera de estas acciones las realizamos a través del lenguaje. Construimos día a día, sin fin, un mundo entretejido de palabras.

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Pero ¿es posible una comunicación no verbal? ¿Puede tu interior comunicar, contactar, -extender su mano cual Adán de Miguel Ángel- con lo otro, sin participar del logos, es decir con su puro pathos

Pareciera paradójico escribir sobre una comunicación emotiva musical. Pero también es menester hacer patente que vivimos en un mundo enlazado por pasiones. Y para mostrarlo debemos desgarrar el velo que recubre la intimidad de nuestros recuerdos más intensos.

Recordemos aquel abrazo recibido, justo cuando la desesperación más terrible azotaba el ánimo, llegó y no necesitó decir más. Recordar la mirada cómplice de dos amantes, aquel sutil movimiento ocular que al instante alcanzaba a saber uno lo que el otro tenía en mente. La dulce caricia de la mano amada. El pétreo puño estampado en la piel. La sangre en los ojos de los combatientes de una acalorada discusión, momento en que las palabras más que albergar un significado, estaban cargadas de furiosa dinamita. Y bien puedes pensar, querido lector, que aquello nada tiene que ver con la música. Y no obstante, cada una de estas imágenes puede estar no solo ‘acompañada’ por la música, sino ser absorbida y expresada absolutamente por ella, por esa grandiosa disposición de sonidos y silencios que llena rebosante de tiempo al tiempo.  Prueba de lo anterior: la primera parte del artículo, específicamente el paso número 2 del juego propuesto, ¿al escuchar la pieza, no sentiste como la música iba cargada de sentido?

Música o Palabra. ¿Qué es lo primordial, lo que devela la esencia del mundo? 

Tal vez más que atender una disyunción exclusiva entre los posibles, debemos, por ahora, contemplar asombrados, como lo hiciera Schopenhauer, la creación de la ‘canción’ -síntesis de música y poesía- como el acontecimiento de un milagro.


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