El reino de Eros se esconde bajo el cielo nocturno: Tristán e Isolda de Richard Wagner

Por Demetrio Vite

“Así moriríamos para estar más unidos, ligados eternamente, sin fin, sin despertar, sin angustias, sin nombre, aprisionados por el amor, entregados el uno al otro, ¡para sólo vivir por el amor!” 

Richard Wagner, Tristán e Isolda, Acto II.

Seguramente, querido lector, has escuchado el término ‘romántico’, cuyo uso primordialmente refiere a personas embebidas de amor que rayan en lo que comúnmente denominamos cursi. Solo debemos hacer memoria de aquel viaje en transporte público, cuando indiscretamente escuchamos de aquella cita, en la que el enamorado obsequió un ramo de flores, dispuso una cena con velas, y acaso remató obsequiando unos chocolates; entonces otra voz -con un tono muy peculiar, que según sea la persona, indica o cierta ironía o cierto embeleso-, exclamó: ¡qué romántico!

Y todo esto roza muy superficialmente el término ‘romántico’. Y escribo ‘roza’ porque de algún modo -sin olvidar su poca profundidad- hay un punto de contacto, el cual está en su referencia al Amor.

Pero entonces ¿Qué es el amor romántico?

Podríamos entusiasmarnos hablando del Romanticismo y su descubrimiento de un tipo peculiar de amor, un amor cuya cúpula es el cielo nocturno, y que paradójicamente -o para nada en realidad- es enarbolado en las últimas décadas del siglo de las luces, el siglo XVIII; pero creemos que es mejor intuirlo a través de la Ópera de Wagner: Tristán e Isolda.

***

Ahora le invito, querido lector, a que vaya por un café, se arrellane en su silla favorita, se encierre en su habitación, se ponga sus audífonos y escuche el maravilloso preludio ‘Tristan und Isolde’ de Richard Wagner.

TE PUEDE INTERESAR: Butes: pasión por la música inaudita

Comienza la música con largas notas, como si se desprendieran lentamente del silencio inicial, abismal. Si cerramos los ojos, las notas que forman el acorde inaugural nos llevan a un lugar desconocido, mítico, desolado. Las cuerdas junto a los vientos expresan una incierta y dolorosa añoranza, una imperante melancolía, o como dicen los alemanes sehnsucht (anhelo).

Vienen y van las notas, el ansia adquiere poco a poco mayor fuerza. Hasta que, de pronto, estalla un golpe: un rayo que rasgando la profundidad de la noche rompe con la tranquilidad de las aguas del mar y las pone en movimiento.

Entonces navegamos en un mar alborotadamente dulce, suave vaivén de placentera belleza.

Somos partícipes del corazón de Isolda, ha visto los bellos ojos de Tristán.

Querido lector, ¿no siente el dolor que la melodía expresa?

Un dulce dolor, una felicidad terrible.

En un principio Isolda odia a Tristán. Ferozmente le desprecia por arrebatarla de sus tierras. Pero Tristán ha vencido a Morold para llevarla a los dominios de su señor Marke.

Antes de llegar a su destino, Isolda exige una reparación a su honor: Ordena a Tristán beber del odre que le propiciará la muerte. Tristán que le debía la vida a Isolda, por su honor acepta. El fatal líquido le incendia las venas. El cuerpo de Tristán pierde fuerza. Isolda presurosa bebe de aquel vino, esperando así escapar de su destino.

Las miradas se oscurecen. La conciencia no resiste a la fuerza de aquello que recorre sus miembros.

Caen.

El corazón no ha dejado de latir, a decir verdad, palpita con fuerza insólita.

¿Han bebido fatal veneno o sagrado vino? Sus corazones se agitan tumultuosos, arden, se han convertido en llamas (¿No le parece curioso, querido lector, que las imágenes religiosas tengan en el corazón una lengua de fuego?).El secreto de su pasión es al fin revelado por el Filtro de Amor o Filtro de Muerte.

TE PUEDE INTERESAR: Poesía como medicina y resistencia: “Siete sonetos medicinales”

Despiertan, con una pasión irresistible hacia el otro. Pero Isolda ha sido prometida al tío y padre adoptivo de Tristán, Marke. El honor de Tristán está en su lealtad a su señor.

¿A quién servir a Honor o Amor? ¿Al reino que los hombres han construido o al recinto sagrado de dos amantes? ¿El castillo del Día o el manto de la Noche?

La música nos lleva a los momentos en que alcanzan las manos de Tristán e Isolda a encontrarse.

La angustia por la imposibilidad de la reunificación de amor en una unidad absoluta. Y, sin embargo, al anhelo es imposible resistirlo. Una fuerza desconocida les empuja.  Aspiran a la unificación, arden por encontrar el Uno. Mas la escisión es irreversible. Su amor es trágico. No pueden alcanzar al Amor en vida.

Palidecen.

Por mor del amor, se entregan a la muerte.

***

Encarecidamente, querido lector, le recomiendo atentamente observe y escuche, en suma, viva la experiencia estética de la ópera completa de Richard Wagner que hoy hemos atendido. Aquí el link de la puesta en escena de Barenboim y Ponnelle, para el mítico Festival de Bayreuth de 1983.


COMPARTIR

¡Comparte esta entrada en tus redes sociales!
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Share on Tumblr
Tumblr

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *